Tener una tarjeta de crédito por primera vez supone un cambio importante en la forma de administrar el dinero. A diferencia de una tarjeta de débito, las compras realizadas con crédito utilizan recursos que deberán ser devueltos posteriormente.
Por ello, antes de comenzar a utilizarla, es importante conocer sus condiciones y establecer límites de gasto que puedan cumplirse.
Conoce cómo funciona tu tarjeta
Antes de realizar la primera compra, revisa la fecha de cierre o facturación, la fecha límite de pago, la tasa de interés y la Tasa de Costo Efectivo Anual (TCEA).
También es importante entender qué ocurre cuando se paga únicamente el monto mínimo. No conocer estas condiciones puede dificultar el control de la deuda y generar costos adicionales.
Gasta solo lo que puedas pagar
Una regla práctica para quienes recién comienzan a utilizar crédito es emplear la tarjeta para compras que podrían cubrir con dinero disponible.
La recomendación es procurar pagar el total de la facturación dentro del plazo establecido. De esta manera, la tarjeta puede utilizarse como medio de pago sin convertirse en una fuente permanente de endeudamiento.
No uses el crédito para completar tus ingresos
Uno de los principales riesgos aparece cuando la tarjeta empieza a utilizarse para financiar gastos cotidianos que no pueden cubrirse con los ingresos habituales.
Si cada mes es necesario recurrir al crédito para pagar alimentación, transporte, entretenimiento u otros gastos recurrentes, la deuda puede convertirse en una extensión del presupuesto y acumularse con el tiempo.
Antes de comprar, hazte tres preguntas
El consumo también puede estar influido por las redes sociales y la presión por mantener determinado estilo de vida. Viajes, tecnología, ropa y experiencias pueden parecer gastos habituales al observarlos constantemente, pero no necesariamente forman parte de un presupuesto sostenible.
Antes de usar la tarjeta, conviene preguntarse: ¿lo necesito?, ¿puedo pagarlo?, ¿podría ahorrar primero y comprarlo después?
Para quienes tienen ingresos variables, elaborar un presupuesto resulta especialmente útil. Una alternativa es calcular los gastos tomando como referencia un ingreso mensual conservador, basado en los meses de menores ingresos.
Ordena tus gastos
Una forma sencilla de comenzar es dividir los gastos en tres grupos:
• Necesarios: alimentación, transporte, estudios y otros gastos básicos.
• Útiles: ropa, gimnasio, entretenimiento u otros consumos que pueden postergarse.
• Prescindibles: compras impulsivas o gastos que pueden eliminarse sin afectar significativamente la calidad de vida.
No hace falta utilizar herramientas sofisticadas. Una hoja de cálculo, una aplicación o incluso un registro en el celular puede servir para saber cuánto dinero entra, cuánto sale y en qué se está gastando.
La clave está en revisar periódicamente esa información. Incluso unos minutos a la semana pueden ayudar a detectar gastos innecesarios y evitar que el uso de la tarjeta termine comprometiendo los ingresos de los siguientes meses.
Además, cuando se recibe un ingreso extraordinario, no necesariamente debe convertirse en mayor consumo. Una parte puede destinarse al ahorro y a la construcción de un fondo de emergencia para afrontar periodos de menores ingresos.
