Primera tarjeta de crédito: tres claves para evitar que se convierta en una deuda permanente

Tener una tarjeta de crédito por primera vez puede facilitar el acceso a compras y servicios financieros, pero también implica administrar dinero prestado. Por ello, antes de utilizarla, es importante conocer sus condiciones y establecer límites de gasto que puedan ser cubiertos con los ingresos disponibles.

Una de las principales recomendaciones es diferenciar una tarjeta de débito de una de crédito. Mientras con la primera se utiliza dinero disponible en la cuenta, con la segunda se realizan consumos que deberán ser pagados posteriormente. Según Alfredo Marín, gerente de Pasivos de BanBif, comprender esta diferencia es fundamental para evitar que el crédito termine complementando de manera permanente un ingreso insuficiente.

Conocer el costo antes de comprar

Antes de utilizar una tarjeta de crédito, el usuario debe revisar aspectos como la fecha de facturación, el plazo de pago, la tasa de interés y la Tasa de Costo Efectivo Anual (TCEA). También es importante conocer qué ocurre cuando solo se paga el monto mínimo de la deuda.

Otra recomendación es utilizar la tarjeta para compras que podrían ser cubiertas con dinero disponible y procurar cancelar el total facturado dentro del plazo establecido. De esta manera, el crédito funciona como un medio de pago y no como una fuente permanente de financiamiento.

El riesgo aumenta cuando la tarjeta comienza a utilizarse para cubrir gastos cotidianos recurrentes sin contar con los ingresos suficientes para cancelar la deuda al cierre del mes. “Una tarjeta de crédito bien utilizada puede ser una herramienta útil. Pero si se utiliza para complementar permanentemente un ingreso insuficiente, puede convertirse rápidamente en un problema”, advierte Marín.

Presupuesto antes que consumo

Para evitar un endeudamiento innecesario, la recomendación es elaborar un presupuesto tomando como referencia un ingreso mensual conservador, especialmente cuando los ingresos son variables. Los gastos pueden dividirse entre necesidades básicas, ahorro, obligaciones y gastos personales.

También se plantea evitar que los ingresos extraordinarios se conviertan automáticamente en un aumento del consumo. Una alternativa es destinar parte de ese dinero a construir un fondo de emergencia que permita afrontar meses con menores ingresos.

El seguimiento tampoco requiere herramientas sofisticadas: una hoja de cálculo, una aplicación, las categorías del aplicativo bancario o un registro en el celular pueden servir para identificar en qué se está gastando el dinero. La revisión periódica permite detectar compras impulsivas y gastos que pueden postergarse.

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